10 de julio de 2008

La Caza de Ballenas

Se calcula que la población mundial de ballenas francas, antes de la caza comercial, habría sido de 300.000 animales. Hoy sólo quedarían 8000 ejemplares (500 en el hemisferio norte y 7500 en el hemisferio sur).

Afortunadamente, aún existen en el mundo lugares privilegiados que, por ser todavía vulnerables, necesitan mucho del cuidado de sus visitantes. La playa El Doradillo, a 17 kilómetros al norte de la ciudad de Puerto Madryn, es uno de esos lugares especiales para observar de cerca de las ballenas patagónicas, por eso es reconocida mundialmente por su belleza y fue nombrada área intangible por la Legislatura de la provincia de Chubut. Durante la temporada de cría, las ballenas ocupan una franja de aguas costeras a lo largo de los golfos Nuevo y San José, con áreas de mayor o menor concentración. Pero en El Doradillo se reunen en cantidades superiores. Allí se agrupan las madres con sus crías recién nacidas durante los primeros tres meses de vida de los ballenatos.

La playa tiene una pendiente pronunciada, lo que hace que la profundidad sea suficiente para permitir el paso de las ballenas a pocos metros de la costa. De ahí que resulte un lugar excepcional para verlas desde tierra, dado que uno puede caminar junto a ellas y vivir una experiencia increíble.

En las costas patagónicas, las ballenas francas australes se pasean a sus anchas y de rato en rato ofrecen un espectáculo único e inolvidable: sacan fuera del agua la inmensa cola de cinco metros de ancho, se ubican cabeza abajo en posición vertical, mientras la cola convertida en vela les permite deslizarse con el impulso del viento. Estos seres admirables, que emiten sonidos magnéticos, merecen ser avistados en un marco de respeto y con guías capacitados, de esta manera los visitantes sabrán cómo comportarse frente a estos animales, respetar su hábitat y participar en su conservación.

POSICIÓN CHILENA

La Presidenta Michelle Bachelet, firmó este lunes el Proyecto de Ley que declara a nuestro país como zona libre de caza de cetáceos, oportunidad en la que recalcó que esta definición es "una muestra de voluntad política para traducir esta convicción ya no en retórica, en palabras bonitas, sino que en iniciativas concretas".

Con la firma de esta iniciativa legal, la Jefa de Estado cumplió uno de los anuncios realizados en su reciente cuenta al país del 21 de mayo pasado y representa el compromiso de su administración con el cuidado del medio ambiente. "La protección de las ballenas, es trascendente en sí misma, pero a la vez, simboliza algo mucho más profundo: es el compromiso de un país, de este gobierno, con las futuras generaciones, con el porvenir del planeta y de las especies que lo habitan", indicó. Durante la actividad, en la que estuvo acompañada por el ministro de Defensa, José Goñi y por la ministra de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, la mandataria también subrayó que con estas acciones "Chile, en su calidad de país sede de la Sexagésima Sesión de la Convención Ballenera Internacional, quiere dar al mundo una clara señal, y muy contundente de su voluntad de proteger las ballenas en sus aguas jurisdiccionales".

En la ceremonia, realizada en la antigua ballenera de Quintay, Región de Valparaíso, Bachelet sostuvo que "así como esta antigua planta es muestra de un mundo del pasado, donde la preocupación por el medio ambiente y el desarrollo sostenible no existían, esta iniciativa es un compromiso con el mundo del futuro". Recordó asimismo que Chile posee 43 especies descritas de cetáceos, de las cuales la mitad que circula son conocidas a nivel mundial. Por ello, destacó que junto al proyecto de ley también se suscribieron los decretos supremos que declaran monumento nacional a los cetáceos y el que prohíbe permanentemente la muerte, captura y comercialización de estas especies. "Hemos firmado dos decretos que garantizan, primero que la ballena es un monumento natural y, segundo, la moratoria que estaba vigente hasta el 2025, indefinida, de manera de que podamos conservar la ballena y un conjunto de otros cetáceos".

Sin embargo, relevó que el proyecto legal que se enviará al Congreso va más allá en la protección de estas especies, puesto que permite "mejorar la regulación, de manera que abarque cada una de las dimensiones de la protección y, además, garantice la reproducción de los cetáceos. Por eso firmamos este proyecto de ley, que declara a todas las aguas que se encuentran bajo la jurisdicción chilena, como zona libre de caza de cetáceos". En este sentido, explicó que el proyecto permite promover la conservación y reproducción de las poblaciones cetáceas y su biodiversidad, la protección de los espacios claves para el desarrollo de sus ciclos de vida, enfatizando los lugares de cría, apareamiento, alimentación y rutas migratorias. De igual manera, dijo que si bien se reconoce la existencia de actividades vinculadas a la observación de animales "se obliga a realizarlas de manera responsable y sostenible".

"Asimismo, el proyecto tipifica el delito de caza de cetáceos. Se prohíbe dar muerte, cazar, capturar, tener, poseer, transportar, desembarcar, elaborar, comercializar, almacenar o efectuar cualquier proceso de transformación de cualquier especie viva o muerta de cetáceo. Y se establece la pena de presidio para quien viole estas disposiciones". Además, planteó que la iniciativa también impone restricciones y normas de seguridad a las embarcaciones que circulan en aguas chilenas y a las aeronaves que sobrevuelen espacio aéreo del país y que desarrollen actividades de avistamiento y observación. De la misma forma, valoró que el proyecto "regula el rescate, la rehabilitación, la reinserción y la observación de mamíferos, reptiles y aves hidrobiológicas, actividades que actualmente se realizan de manera poco sistemática y no están sujetas a lineamientos uniformes ni de cobertura ni de calidad".

HISTORIA DE LA MATANZA

Durante el último siglo, gran parte de las poblaciones de ballenas fue diezmada a causa a su caza comercial. Se estima que entre 1925, año en que se introdujo el primer barco factoría ballenero, y 1975, un total de más de 1,5 millones de ballenas ha muerto. Sus perseguidores cazaban las diversas especies pasando de una población a otra a medida que dichas poblaciones disminuían debido a su explotación. Luego de reiteradas demandas por parte de la comunidad mundial, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) aprobó una moratoria sobre la caza comercial de ballenas, que entró en vigor en 1986. Hoy, estamos a punto de presenciar la reanudación de dicha actividad a escala industrial. Noruega continúa con su programa de caza comercial en el Atlántico Norte desobedeciendo la moratoria de la CBI y Japón realiza la caza de este cetáceo bajo el nombre de "caza científica", a pesar de que la carne de ballena se vende en el mercado con fines comerciales. Por su parte, Islandia anunció un programa de "caza científica" de tres años sin la aprobación del Comité Científico de la CIB y que Estados Unidos ha calificado como "inútil".

En los últimos tres años, estos tres países han aumentado los recursos destinados a sus programas de caza. Además, presionan enérgicamente para lograr que se levante su prohibición, hecho que traería consecuencias devastadoras para estos cetáceos del planeta que recién comienzan a recuperarse de la explotación sufrida por años. Debido a que crecen y se reproducen lentamente, la restitución de las poblaciones toma bastante tiempo. Además, las ballenas ya están en peligro debido a las diversas amenazas medioambientales provocadas por el hombre, tales como la contaminación tóxica y el cambio climático. La caza comercial de estos cetáceos nunca se ha realizado de forma sustentable para sus poblaciones ni para los ecosistemas marinos. De hecho, en esta materia la única actividad económicamente sustentable es el turismo de observación. Debido a la probable reanudación de la caza de ballenas a escala industrial, es necesario actuar con urgencia para detener los intentos de Japón, Islandia y Noruega.

Mediante la vía política, el trabajo de divulgación pública y las acciones pacíficas directas en contra de los cazadores en alta mar, Greenpeace está actuando en muchos frentes; luchando para poner fin a la caza comercial de ballenas. Desde 1987, Japón ha dirigido la caza anual en el Antártico bajo la denominada "caza científica", sin embargo, esta última en realidad es una empresa comercial: la carne de ballena que se obtiene de la "investigación" ballenera japonesa se vende con fines comerciales en este país; transacción que asciende a los 4 mil millones de yenes al año.

Desde que comenzó la "caza científica" de estos cetáceos, Japón ha ido gradualmente ampliando la extensión de sus operaciones, ya sea mediante del aumento de sus cuotas autoasignadas como a través de la expansión de sus operaciones de caza a otras áreas, incorporando así una segunda “caza científica” en el Pacífico Norte. En el año 2000, Japón contravino la CIB y la opinión mundial al expandir la caza en el Pacífico Norte sumando dos nuevas especies: las Sperm y Bryde. Esto genera niveles de indignación pública nunca antes vistos y la protesta diplomática de todas partes del mundo. A pesar de la oposición internacional, la caza ballenera que realiza Japón podría continuar expandiéndose. En los últimos años, este país ha aumentado los recursos que destina a sus programas de caza y ha insistido en desobedecer la prohibición de la caza comercial. Además, su influencia en la CBI ha ido en aumento como consecuencia de la compra de votos.

También ha invertido bastante en una ofensiva de relaciones públicas creada para convencer al público de que la caza de ballenas es cultural y económicamente importante para la nación y que estos cetáceos amenazan la conservación de las reservas de peces debido a que consumen demasiado pescado. Sin embargo, dichos argumentos no se sustentan en una base científica. La carne de ballena es un alimento de lujo en Japón. Una encuesta de opinión llevada a cabo en 1999, demostró que sólo el 11% de los adultos japoneses apoya la caza de ballenas y que el 14% de este sector se opone a ella.

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